Una joya fotográfica en el corazón del Empordà

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Nos gusta la carretera. Subir al coche con una ruta no demasiado planeada y un horizonte de días en blanco por delante. Claro que a veces el horizonte está más cerca de lo que uno quisiera y se asemeja más un pequeño oasis en mitad de la nada. Para esos casos, siempre nos queda el Empordà.

Y eso es lo que hicimos la semana pasada: aprovechar nuestro pequeño paréntesis para escaparnos por el norte de Cataluña y saldar una cuenta pendiente con el Museo de Fotografía contemporánea de la Fundación Vila Casas.

Situado en Torroella de Montgrí, en un antiguo palacio del siglo XV, el museo acoge más de 300 fotografías contemporáneas, la mayoría de artistas catalanes y españoles.

Empezamos nuestra visita en la planta baja, cruzando el sombrío patio interior y su serpenteante escalinata de piedra. En las caballerizas convertidas en salas de exposición nos esperaban los finalistas del Premio de Fotografía 2014 que organiza la fundación Vila Casas.

El ganador de la edición de este año fue Oriol Jolonch (Barcelona, 1973) con Éxodo, una obra onírica que forma parte de la colección Anecdotario del s.XXI.

Exido ©Oriol Jolonch

Una singular procesión avanza sobre una tierra baldía. Un hombre, un niño, un perro. Una cadena de nubes negras les persigue. El hombre arrastra tras de sí dos árboles muertos y un arbusto. No hay horizonte, sólo un lento peregrinar sobre el terruño yermo. Una estampa desoladora y poética en la que Jolonch combina sus dos mundos: la fotografía y el diseño.

El primer accésit también recayó en una obra onírica aunque mucho más cercana a la estética japonesa wabisabi y su canto a la belleza de lo sutil. Fiel a sus universos zen, Miguel Cabezas (Irún, 1975) nos muestra un paisaje en el que ha desaparecido el horizonte. Una pasarela, un árbol, una palizada yacen suspendidos en las aguas quedas de un lago.

El lago ©Miguel Cabezas

Dejamos las caballerizas y subimos a la planta noble, donde nos espera la exposición Retrats de Guerra de Agustí Centelles. Fotografías que nos permiten adentrarnos, una vez más, en esa cicatriz que sigue dividiéndonos: líderes políticos en mitad de efervescentes discursos, milicianos sorprendidos en el tedio del frente, dos mujeres cargando adoquines en improvisadas barricadas… hombres y mujeres congelados en el horror.

Dejamos la rabia y la guerra y regresamos a nuestro presente convulso y heterogéneo. Las obras de la colección Vila Casas desfilan ante nuestros ojos a través de un original discurso conceptual. Aquí el orden cronológico, tan canónico, ha desaparecido. Las paredes del Palau Solterra acogen diálogos singulares entre obras de autores y épocas distantes. Un juego de correspondencias y miradas cruzadas que nos obliga a agudizar nuestra imaginación.

Perseverar tiene sus recompensas y subir las amplias escalinatas del palacio también. Porque en la última planta nos esperan los viejos sospechosos habituales: García Álix, Chema Madoz, Manel Esclusa, Jordi Bernadó… Una reunión de amigos que logra poner la guinda perfecta a una visita obligada para los amantes de la fotografía.

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