El arte contemporáneo, reducto de libertad

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Los compañeros del diario Malarrassa nos invitaron a hablar sobre la situación del arte y el nuevo estilo de galerías de arte que están surgiendo. Con toda la humildad del mundo, aquí os compartimos nuestra opinión. ¡Estaremos encantados de escuchar la vuestra!

“Hay palabras que, con el tiempo, han adquirido connotaciones mucho más allá de su definición del diccionario. Galería de arte es una de ellas. Fines hace relativamente poco podríamos asociarla a un templo por iniciados, un espacio reservado para entendidos, unas paredes blancas protegidas por un timbre y la mirada, inquisitorial, del galerista.

Ha hecho falta una crisis profunda y prolongada en el sector porque estos tópicos (con todo el que tienen de “no realidad”) empiecen a caer de la mano de artistas, comisarios, galeristas y espectadores que han apostado por espacios de arte híbridos, multidisciplinarios, de creación y exhibición, de aprendizaje e intercambio. Espacios nuevos para un tiempo nuevo.

Vivimos en un país donde la formación artística no se ha priorizado nunca, donde carecen estructuras públicas de apoyo a la creación y tradición de coleccionismo. Pero instalarse en la queja nunca ha puesto remedio a nada.

Queremos un circuito de arte contemporáneo vibrante y vive, y es imposible que lo conseguimos si las artes visuales continúen siendo un desconocido para la mayoría de la población. Si para entrar a una galería tenemos que trucar un timbre, si no osamos poner un pie porque no tenemos una licenciatura en artes, si preferimos una lámina de Ikea a un grabado de un artista emergente, si no osamos opinar porque creemos que no entendemos… estamos perpetuando el hermetismo que ha acompañado el mundo del arte durante tanto de tiempo.

Es aquí donde creemos que tenemos nuestro campo de batalla. Por un lado creando espacios abiertos para públicos que hasta ahora no sabían que lo eran. Es decir, aconteciendo lugar de descubrimiento, de sorpresa y estimulación. Espacios donde aprender y opinar sin miedo, espacios de emoción (porque al fin y al cabo el arte es comunicación y emoción). Y en segundo lugar, creando oportunidades porque los artistas puedan expresarse de forma libre, altavoces desde el territorio que ayuden a los nuevos creadores a profesionalizarse.

Por suerte no estamos sólo. No sólo en Barcelona o Madrid han aparecido otros espacios como el nuestro, sino que también en el Vallès tenemos buenos ejemplos. Espacios más necesarios que nunca, que tienen que acontecer paraguas y sujetador para el desarrollo de las prácticas artísticas emergentes. Reducto para propuestas, discursos y prácticas que tienen dificultades para penetrar en la esfera tradicional del arte contemporáneo.

El reto ahora es como articular esta red de espacios de creación. Buscar sinergias con otros actores sociales y culturales.

El arte nos estimula, nos cuestiona, nos permite reflexionar sobre nuestra contemporaneidad… Depende de todos nosotros que no nos roben también esta herramienta de expresión y crítica, este reducto de libertad».