La tríada creatividad, genio, originalidad

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Hoy os queríamos hablar de tres conceptos que habitualmente se utilizan conjuntamente y que están muy ligados al mundo del arte contemporáneo. Nos referimos a la tríada: creatividad, genio y originalidad.

Una aproximación a la creatividad

Si vamos a la RAE en busca de una primera aproximación al término, encontramos que lo define como la “facultad de crear”. Algo más preciso es el Gran diccionari de la llengua catalana, que lo define como “capacidad de crear con el intelecto o la fantasía”.

Personalmente, me gusta referirme a la creatividad como la habilidad de dar respuestas a un problema, no de la forma habitual o instaurada, sino de manera optimizada. Utilizando para hacerlo todos los recursos a nuestro alcance: la memoria, la imaginación, integrando conocimientos otras disciplinas…

Un ejemplo que acostumbro a utilizar con los alumnos del curso de fotografía consiste a pedir que dibujen una casa, un dibujo rápido y esquemático. Aproximadamente 9 de cada 10 dibujan una casa de planta cuadrada o rectangular, tejado a dos aguas, puerta y ventana; los más rápidos tienen tiempos de añadir el camino, el sol y el árbol. Cuando les pregunto si viven en una casa de estas características, la respuesta obviamente es negativa.

A pesar de que la casa donde vivimos podría parecer un buen referente a la hora de enfrentarse a este pequeño ejercicio, acostumbramos a dar la respuesta que nos instauraron como correcta durante la niñez y la repetimos una y otra vez sin hacernos otros planteamientos. Si en la escuela, el niño que tiene que dibujar una casa, se dibujara a sí mismo, probablemente no le darían el trabajo por válido.

¿Qué pasa si nos dibujamos a nosotros mismos para representar una casa? ¿Se podría llegar a entender como la máxima expresión de libertad? “Mi casa soy yo mismo, mi piel es la única pared que me separa del mundo, casa mía es allá donde yo me encuentre.”

¿Y si dibujamos un planeta, una nube o un garabato? Las respuestas posibles son ilimitadas y en muchos o todos los casos serán mejores que dibujar un cuadrado con un triángulo encima.

El problema es que la educación tradicional no ha potenciado este tipo de pensamiento. Ya lo dijo Picasso: “Todos los niños son artistas, el problema es continuar siendo artista cuando te haces mayor”. Y es que históricamente la educación se ha centrado más en marcar los errores que en estimular las capacidades individuales. Y esto ha hecho que nazca el miedo al error, a no encajar, a ser diferente y que finalmente no nos arriesguemos transitar caminos poco habituales. Es la eterna necesidad de aprobación que en nuestro mundo siempre conectado se traduce en la dictadura de los “likes”.

El genio creativo y la originalidad

Y precisamente porque el pensamiento creativo no ha sido la norma, tendemos a asociarlo a otro concepto: el del genio. Y no nos referimos naturalmente al de las lámparas maravillosas que surgen de los cuentos de las Mil y una noches, sino del concepto que se instala definitivamente a finales del siglo XVIII con el romanticismo.

Hasta entonces, el artista se había dedicado a imitar la naturaleza (mímesi). Pero a partir de la idea romántica del genio creador el artista deja de reproducir la realidad y empieza a crearla, motivado por una idea trascendental y por la voluntad de reflexionar. De este modo el arte acontece expresión subjetiva y cambia para siempre el paradigma de la creación artística.

Este cambio radical viene acompañado también de otro cambio muy importante en el concepto de belleza que deja de entenderse como una calidad de los objetos y se asume como una disposición del sujeto que lo observa. A partir de este momento el propósito principal del arte ya no será satisfacer los sentidos, sino hacer pensar, reflexionar.

Es decir, el objetivo del genio es ofrecer un punto de vista al que no estamos avezados para estimular el pensamiento. Y esto nos trae a otro concepto, la originalidad, que habitualmente se ha presupuestado que es la capacidad más distintiva de los genios.

De hecho, tanto el concepto de originalidad como la idea del genio creador tal como las conocemos hoy en día son creaciones románticas nacidas de las brasas de la revolución francesa: cuando se tenía la noción de estar haciendo algo inédito y rompedor con el pasado.

Sin embargo, el valor de la originalidad en el arte es algo muy moderno. De hecho, durante la mayor parte de la historia del arte la originalidad no ha sido importante: no había problema al inspirarse en otras obras e incluso, en los encargos a grandes artistas, se detallaba cómo tenía que ser la pintura o la escultura (posición del rostro, colores, medidas, si tenía que ser pareciendo a alguno otro cuadro, etc.).

Queremos cerrar nuestra reflexión centrándonos de nuevo en el concepto de creatividad. Todavía hoy es necesario defender que esta capacidad no es exclusiva del genio demiurgo que trabaja para dar luz en la expresión de su subjetividad de forma espontánea.

Delegar la capacidad de ser creativos y originales a los “genios” (o artistas) es una opción que nos encorseta en nuestra zona de confort y limita nuestras capacidades.

Es una habilidad innata, que podemos mejorar, perfeccionar y también, dejar que se oxide. “Que la inspiración te encuentre trabajando” es una de las frases más repetidas de Picasso. Y el mismo nos aconsejaba Jack London con su sentencia “No puedes esperar a la inspiración, la tienes que perseguir con un bate de béisbol”.

¿A que se referían? Que la inspiración divina, la idea que por algunos individuos la originalidad fluye espontáneamente sin que intervenga en ningún momento la conciencia, o la investigación y el trabajo, puede ser peligrosa.

Porque en realidad no se puede crear de la nada. La creatividad tiene mucho renovar lo viejo: coger dos ideas antiguas y conseguir una nueva. Pensar lo que nadie ha pensado sobre aquello que todo el mundo ve. Cómo decía Shorödinger “El pensamiento creativo no es tanto ver lo que nadie ha visto, sino pensar lo que nadie ha pensado todavía sobre aquello que todos nosotros vemos”.

Y para conseguirlo hace falta que nos exponemos al máximo de ideas, disciplinas y mensajes que nos hagan pensar y salir de nuestra zona de confort, para precisamente, crear nuevas relaciones y maneras de ver el mundo. Y las artes… son un fantástico motor para hacerlo.

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