Tormentas, ébola y arte. Otoño fotográfico en Madrid

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  • Retratos de Asacusa. ©Hiroh Kikai
  • Retratos de Asacusa. ©Hiroh Kikai
  • Retratos de Asacusa. ©Hiroh Kikai
  • Retratos de Asacusa. ©Hiroh Kikai
  • Retratos de Asacusa. ©Hiroh Kikai

Tabacalera, un imprescindible de la cultura en Madrid, una cita ineludible para todo amante del arte que se deje caer por la capital sea cual fuere el motivo.

El pasado sábado 11 de octubre, tampoco nosotros dejamos pasar la oportunidad de visitar sus dos exposiciones de fotografía: ”Retratos de Asacusa” del fotógrafo nipón Hiroh Kikai y “Afluencias. Costa Este-Costa Oeste” de Miguel Trillo.

Hiroh Kikai es un fotógrafo sorprendente, de aquellos que poseen una mirada frontal. En sus retratos de Asakusa utiliza como único fondo los muros lacados en bermellón del templo de la ciudad, todo lo demás es el retratado; o mejor dicho: todo lo demás es Hiroh Kikai. Explica que sin la fotografía su alma hubiese muerto.

“Salgo de casa antes de las diez. Me monto en el tren y en el metro y llego al recinto del templo de Asakusa sobre las once y veinte. Examino los muros y si encuentro una mancha, la limpio con un trapo. Después durante unas tres horas doy una vuelta por la zona y observo a la gente que entra en el templo. En un día, a lo mejor, hago fotos a una o dos personas. También hay días en los que no hago ninguna foto. Si ese día empieza a repetirse, me pongo de muy mal humor y está claro que mi mujer también”

Para él, apretar el disparador es como empezar un combate de sumo. Nos recuerda a Alberto García-Alix cuando cuenta que el retrato es un enfrentamiento que aborda con la mirada de púgil. Los retratos de Kikai, sin embargo, son más desnudos, más serenos, más amables. Dos formas de ver en dos fotógrafos hondamente influidos por Diane Arbus.

“Las fotografías de Arbus me impactaron. Me sorprendió mucho que existiesen fotos que nunca me cansara de mirar. Sus imágenes me daban escalofríos. La fotografía no es sólo otra forma de las bellas artes, sino un medio para aportar luz a las verdades ocultas. Esto lo aprendí de Diane Arbus”.

La visita a su exposición discurre a lo largo de una buena cantidad de fotografías acompañadas de títulos tan sugerentes como “El hombre que dijo que acababa de tener una disputa entre borrachos”, “Hombre joven que anduvo hasta aquí desde muy lejos”, “Sólo soy una ama de casa” o “La mujer que me dijo que había estado criando una muñeca durante veintiocho años”

Costa Este – Costa Oeste

De Miguel Trillo también se exponene estos días en Tabacalera el trabajo tejido durante décadas. Se trata también de retratos frontales en los que la mirada del retratado cae sobre el espectador, también en la calle, también personajes escogidos por sus peculiaridades. Más allá ninguna confluencia entre los dos trabajos fotográficos.

Trillo fotografía los jóvenes que a través de su imagen física reivindican su singularidad. La aventura empezó en el Madrid de los años 80: gomina, tatuajes y cuero; después vendrían New York, Los Ángeles, Casablanca y Ho Chi Minh. Han pasado muchas cosas en esos 40 años, pero estos jóvenes que reivindicaban su singularidad perteneciendo a tribus urbanas son tremendamente parecidos. Los rostros en blanco y negro retratados en Madrid se confunden con los rostros en Casablanca, ya en color. Trillo nos ofrece todo un estudio sociológico que nos hace reflexionar acerca de la identidad.

Por lo demás, una exposición descomunal, tal vez demasiado grande, en la que no hemos disfrutados las fotografías. Personalmente veo las fotografías de Trillo como un ejercicio de catalogación, más cercano al trabajo de Bernd y Hilla Becher que al de Hiroh Kikai.

Stephen Shore

La gran retrospectiva de Stephen Shore en la Sala Bárbara de Braganza de la Fundación Maphre tampoco nos dejó un buen sabor de boca. Precoz, innovador, provocador, influyente y sumamente aburrido. La obra de Shore siempre ha estado envuelta por la controversia, se han escrito ya muchas líneas sobre la fealdad o genialidad de su obra.