Manel Esclusa, pasión febril por la fotografía

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Creo firmemente que la fotografía tiene que emocionar. Un concepto poco novedoso en otras disciplinas artísticas y que en fotografía, pese a ser de fácil aceptación, generalmente no se encuentra bajo la piel del público, los aficionados ni los profesionales.

Como enfermero, me acostumbré a escuchar frecuentes elogios a la vocación requerida para tales menesteres. Como fotógrafo todavía no encontré quien me hable de la vocación que me ha llevado a caminar por estos derroteros.

Soy fotógrafo vocacional. Lo digo de verdad, serio e incluso con solemnidad; lo que siento al apretar el disparador sólo está a la altura de los más capitales de todos los pecados. De hecho, cada vez que cargo película en la cámara, las alcantarillas humean vapores sulfurosos, y al San Pancracio que hay en el bar de la esquina se le mustia el perejil.

He tenido muchos y muy buenos profesores de fotografía, pero hay tres que resultaron decisivos. Los tres tienen en común una pasión febril por la fotografía, una especie de enfermedad altamente contagiosa, como un gran fuego azotado por el viento que se dirige a ti. Desde hace unas semanas, en la Galería Eude podemos disfrutar el trabajo de uno de ellos: Manel Esclusa.

Manel Esclusa

Cuenta que creció rodeado de alquimia, en el laboratorio fotográfico de su padre. Al llegar del colegio preparaban los químicos en grandes marmitas como las de los cuentos de brujas. Cuando en clase hablaban de pócimas mágicas, Manel se reconocía en su cotidianidad.

Aprendió todos los secretos del cuarto oscuro positivando cientos de fotografías cada día. Un oficio ya extinguido y que en unos años, dejará un vacío de grandes maestros Artesanos de la luz y la química.

Muy pronto entendió que la fotografía podía ser un medio para comunicarse, que una imagen tal vez no valga más que mil palabras, pero que las puede generar. Con el grupo artístico-fotográfico “Alabern”, junto a Pere Formiguera, Toni Catany, Fontcuberta, Koldo Chamorro, Zuzunaga y Rafael Navarro, reivindicó la fotografía como medio artístico.

Becado en Arles fue alumno de Ansel Adams, Jean Dieuzaide y Lucien Clergue, entre otros; y tuvo la ocasión de relacionarse con Brassaï, Cartier-Bresson, Lartigue…

Els ulls aturats, Naus, Barcelona pell i ombra, Venecia, l’ombra del paisatge… Podemos perdernos hablando de cada uno de sus trabajos, pero lo mejor es acercarse a Consell de Cent y disfrutar con las fotografías que cuelgan de las paredes de Eude, y para quien se lo pueda permitir, tal vez llevarse uno de los positivos de Manel Esclusa a casa. La exposición  se podrá ver hasta el 19 de septiembre.

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