Valeria Brancaforte: claridad de pensamiento y autenticidad de emoción.

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Del 22 de abril de al 20 de junio tenemos el placer de tener en Tigomigo la obra de Valeria Brancaforte. Una artista a la que admiramos profundamente y cuya obra transmite valentía, fuerza y belleza. En esta pequeña charla nos explica cómo trabaja, sus rutinas y sus influencias.

Valeria Brancaforte ©Paulo Cacais

Valeria Brancaforte ©Paulo Cacais

¿Qué te impulsó a tomar una gubia y empezar a trabajar el linóleo?

En mi familia ha habido y hay muchos artistas, por lo tanto dibujar siempre ha sido algo natural y parte de nuestra educación desde muy temprana edad.  Mi madre pintaba al óleo y a veces esgrafiaba la pintura utilizando unas herramientas de metal que me atraían más que los pinceles.  Fue también mi profesora de dibujo en la escuela y por ella aprendí que «la luz se hace color y el color se hace luz». El contacto definitivo con el linograbado tuvo lugar el segundo año en la carrera de filología eslava. Paralelamente a la carrera universitaria empecé a dar mis primeros pasos en el mundo de la ilustración: fue entonces cuando quise complementar mi formación artística y me apunté a un curso de grabado en relieve que me abrió todo un mundo al descubrir que podía hacer mis propios libros, linograbados de principio a fin, tal y como yo misma los imaginaba. Era el año 1990 y desde entonces no he parado.

 

Tu trabajo suele partir de textos clásicos… ¿Qué te hizo decantarte por esta clase de literatura?

Debo decir que no toda mi obra se basa en textos clásicos. Además de los clásicos he ilustrado poemas de todo tipo y procedencia.  De hecho he realizado también varios trabajos basados en mis propias rimas.  Lo que sí puedo decir es que intento ser muy exigente con la calidad del texto con el que quiero trabajar, hecho que, con frecuencia, me lleva a elegir la literatura clásica. La idea sería reinterpretarla de manera original y personal, para que sea más cercana a mi modo de ver y sentir.

 

La tipografía también juega un papel importante en tu obra, ¿qué te atrajo de la tipografía?

Yendo atrás en mi infancia, creo que puedo identificar dos objetos, que deben haber desencadenado algo de mi temprana pasión hacia las letras y las letras imprimidas: un diccionario de la lengua italiana, a través del cual iba descubriendo palabras desconocidas para mí y cuyos símbolos gráficos y fonéticos me tenían totalmente hipnotizada, y una máquina de escribir que iba de regalo con una enciclopedia que mi padre había comprado. El objeto se quedó desde el primer momento en la habitación que compartía con mis hermanas, y creo haberme pasado todas las enfermedades típicas de la infancia mecanografiando improbables cartas en caracteres negros y rojos surgidos de la cinta bicolor.

 

¿Qué artistas son tus referentes?

Hija de los años 70, cuando pienso en mi infancia, en Italia, enseguida afloran en la memoria los nombres de Gianni Rodari, Bruno Munari, Leo Lionni, Attilio y Karen, las Fábulas de Esopo ilustradas por los Provensen, los libros dibujados y en verso de Toti Scialoja y los de Sergio Tofano… es decir, el libro ilustrado fue para mí una verdadera riqueza y fuente de inspiración. Posteriormente fui descubriendo el expresionismo alemán y las vanguardias rusas, que se convertirían en los pilares de mi formación visual junto con el arte povera y la Transavanguardia.

A ese tipo de inspiración visual hay que añadir que el hecho de ser de Sicilia, tierra rica de refinada cultura y de folklore popular, ha tenido en mi formación un papel muy importante. Como ejemplo basta ver mi trabajo de Orlando para reconocer la influencia recibida de la iconografía procedente del «Teatro dei Pupi» siciliano.

 

Hablando de Orlando… ¿Cuál fue tu primera aproximación al texto?

El gran director teatral milanés Luca Ronconi fallecido este año 2015 hizo una mise en scène del Orlando en colaboración con Eduardo Sanguineti. La película, inicialmente realizada para la televisión, se proyectó en los cines en 1974. Yo tenía 8 años y fue la primera (y única) vez que mi padre nos llevó al cine, a mí y mis hermanas mayores. Yo no entendí nada de esta aventura fantástica que me cautivó desde el primer momento con sus «Deus ex machina». ¡Quién lo hubiera dicho, que aquellas mismas emociones emergerían 40 años después!

 

Picasso decía… “que la inspiración me encuentre trabajando”. En tu caso, ¿dónde encuentras esa inspiración?

Creo que para hacer algo bueno necesito una sinergia de dos elementos: claridad de pensamiento y autenticidad de emoción.

Hay ocasiones en las que sé a priori la idea que quisiera desarrollar; tengo una visión muy clara de cómo quiero una imagen o un libro y esa imagen abstracta puede convertirse en una obsesión de la cual no logro alejarme hasta poder realizarla de un modo u otro.  Otras veces busco la idea a través de la lectura; busco y leo textos hasta encontrar aquéllos que puedan sugerirme las imágenes a desarrollar y realizar a través de mi técnica.

 

¿Cuáles son tus rutinas de trabajo?

Normalmente la fase de concepción de un proyecto es la que suele durar más. Varios meses leyendo, seleccionando y diseñando el proyecto por entero. Una vez determinados los esbozos definitivos, a la hora de realizar el trabajo, puedo ser muy rápida y tenerlo finalizado en pocas semanas.

 

¿En qué países y ferias has expuesto?

He participado y expuesto en numerosas ferias y convenios en varias ciudades europeas, principalmente en Inglaterra y Alemania. Actualmente el libro seriado atraviesa un momento bastante interesante y las técnicas gráficas han alcanzado niveles de difusión sorprendente multiplicando, consecuentemente, el número de eventos y manifestaciones.