Cómo entender el arte contemporaneo

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Cómo entender el arte contemporáneo. Imagen de Tim Bavington

En la última sección de arte del Submarí, Mariona Tomás me formulaba una pregunta sobre el concepto de genio (minuto 9). Concretamente me pedía cómo podía ser que ante las obras de artistas que se consideran genios, como por ejemplo Salvador Dalí, mucha gente tiene la impresión de no entender nada.

Yo contesté con otra pregunta: ¿Qué importancia real tiene entender el arte?

Pasaba así de puntillas sobre un tema que nos podría ocupar todo un programa, así que aquel día ya decidí que en nuestro próximo encuentro teníamos que dedicarlo a hablar de cómo entendemos el arte.

Porque tenemos que entender el arte? No lo podemos disfrutar si no lo entendemos?

La música no intentamos entenderla para disfrutarla. Primero nos dejamos llevar por la melodía y diferenciamos muy bien las emociones que nos provoca, a pesar de que la letra esté en un idioma que no entendamos o sólo sea una pieza instrumental. Es decir, no hace falta que contenga ningún mensaje claro, es una absoluta abstracción y no sufrimos por no entender la motivación exacta del músico cuando la creó. Es sólo en un segundo momento, cuando quizás nos puede interesar profundizar en la rítmica, la letra, el movimiento musical al cual pertenece o la historia del compositor. Pero desconocer todo esto no nos ha impedido disfrutar.

A parecer mío, la función del arte no es trasladar ideas concretas, por eso ya tenemos la palabra. La arte expresa con emoción, predisponiendo al espectador con una atmósfera. Aquí radica su fuerza comunicativa.

Imaginemos por un momento que queremos explicar el miedo a quien nunca lo ha sentido. Con las palabras es extremadamente complicado que se haga una idea aproximada; sin embargo, con una escena de cine podemos hacer que esta persona experimente la emoción.

Porque parece más difícil entender el arte contemporáneo?

Ya hemos visto que sentir que no entendemos una pieza de arte no tendría que ser excusa para no disfrutarla (o sentir rechazo, que también es un sentimiento muy legítimo).

Pero, por qué la sensación de desconcierto, de no saber “leer” correctamente una obra de arte, es más habitual cuando nos enfrentamos a una pieza de arte contemporáneo que no a una obra clásica. Seguramente los motivos son muy diferentes: el hecho que el arte hasta el siglo XX fuera figurativo, o que a partir de los setenta con el nacimiento del conceptualismo la idea se haya priorizado a la forma, o el hecho que, como comentamos en un artículo anterior, el arte contemporáneo pida, en múltiples ocasiones, la participación activa del espectador.

Pero también tendríamos que cuestionarnos qué grado de entendimiento tenemos de las obras clásicas. Muchos de nosotros seguramente nos sentimos más cómodas ante el cuadro del matrimonio Arnolfini que de una performance. Y esto a pesar de que también se nos escapan muchas de las capas de lectura del cuadro: el simbolismo de las naranjas, de las posturas o de los colores de los tejidos, serían sólo unos pocos ejemplos.

Y llegado a este punto, como se tiene que mirar una obra de arte contemporáneo?

Es extremadamente importante querer aproximarnos, tener la curiosidad; y también tener el tiempo, el espacio y la predisposición física y mental. Aunque nos guste mucho el arte, no siempre es un buen momento o el lugar es el adecuado.

A continuación os damos unos pasos sencillos para enfrentarnos a una obra de arte contemporáneo.

  • La observación sostenida: De media dedicamos unos 25 segundos a mirar una obra de arte; en una feria de arte puede acabar en unos 5 segundos. Cuando hablamos de observación sostenida el tiempo puede ser de unos 5 minutos.
    No hay que decir que no podemos dedicar 5 minutos a cada obra y ver en una jornada todo el que hay al MACBA. No puede ser bueno por la cabeza! Sin embargo, es cierto que nos aportará mucho más mirar detenidamente 3 obras en media hora, que ver 20 por sobre.
  • Dejar la mochila a la puerta: Es aconsejable hacer el ejercicio de olvidar durante este rato el trabajo que tenemos pendiente, las prisas, los dolores de cabeza, así como los prejuicios. Podemos hacer un hatilo con todo esto y dejarlo a la puerta de la sala.
  • La visualización: Consiste a entrar a la obra, es decir experimentar imaginariamente con todos nuestros sentidos:
    Qué veo? No tiene que ser solamente el que vemos desde fuera, podemos movernos por dentro, buscar las diferentes perspectivas, imaginar que hay más allá del marco, que habrá al horizonte…
    ¿Como es al tacto? ¿Qué temperatura percibimos? ¿Quizás hace viento y notamos el césped que se mueve?
  • ¿Qué olor tiene?
  • ¿Qué siento? ¿Este sonido, si es que hay, nos molesta o es agradable?
  • ¿Puede llegar a tener sabor una obra?

Después de observar la obra, ha cambiado nuestra percepción desde que empezamos a mirar la pieza? Es habitual que nuestra emoción haya cambiado de un punto cercano a la indiferencia hacia una sensación agradable o desagradable. También la energía que nos transmite la obra se va modulando hacia la tranquilidad o la excitación.

Llegados a este punto, es un buen momento para mirar la repisa o la hoja de sala, conocer el título de la obra y la información que nos puedan aportar sobre el artista. Esta información nos dará una perspectiva que puede coincidir con el que hemos experimentado. Y si no es así, tampoco es ningún problema: ya decía Umberto Eco que el arte contemporáneo tiene múltiples significados y es, por definición, ambiguo.

Imagen: Tim Bavington. Voodoo Child, Slight Return (solo), 2002, acrylic on canvas, Gift of the Contemporary Art Council, © 2002 Tim Bavington.