Antoni Arissa. La sombra y el fotógrafo, 1922 – 1936.

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Este es el título de la exposición que se puede visitar este invierno en el CCCB. Es el título que cuelga de la fachada del museo y que también podría estar esculpido en una lápida de Montjuic. Y precisamente es este título el que me provoca los primeros interrogantes sobre esta exposición: ¿Murió joven? ¿Sólo han expuesto una etapa del trabajo del fotógrafo?

Catorce años de fotografía, esta es la retrospectiva del trabajo del fotógrafo que Fundación Telefónica ha organizado. Según toda la información que he encontrado, catorce años fueron los que Arissa fue fotógrafo. Según la familia el hecho de que colgara la cámara en el 36 no está relacionado con motivos políticos, sencillamente no encontraba el público para su obra porque los medios especializados desaparecieron.

Entrando en el espacio encontramos unas primeras fotografías pictorialistes, paisajes rurales y retratos. Más adelante, y cronológicamente, fotografías vanguardistas, picados, reflejos, máquinas… todo muy lejos de las primeras imágenes bucólicas de su trayectoria.

Aclarando conceptos, y a pesar del título de la exposición, Antoni Arissa fue un fotógrafo aficionado, profesionalmente era impresor y tipógrafo. En cuanto a la sombra a la que hace referencia este título, parece más bien una concesión poética a la vez simple y útil en títulos cuando hablamos de fotografía.

El hecho que realmente me ha interesado de esta muestra y del trabajo de Antoni Arissa es la investigación estética, la mirada inquieta e inconformista que da lugar a una rápida evolución en su obra. En este caso quiero pensar que no se trata de un asunto de modas, puesto que resultaba mucho más cómodo continuar con el mismo registro que hasta entonces, y que era muy bien recibido por el público. Arissa debía de buscar un lenguaje propiamente fotográfico, divorciado del pictorialismo, y esta idea lo llevó a profundizar en la forma, el punto de vista y la luz.

Su supuesta retirada de la fotografía a finales de los años 30 nos invita a revisar su obra más allá de las desazones técnicas-estéticas. Pensando en los pintores que reutilizaban una y otra vez la tela por el afán de crear, en fotógrafos como Tichý o Atget que a pesar de no ganarse la vida o tener un público continuaron creando hasta el final de sus vidas y nos han dejado una herencia increíble. ¿Realmente le apasionaba la fotografía a Antoni Arissa? ¿O más bien se trataba de una pulsión para investigar sobre el medio como el científico que disecciona una rana?